Dante y el país de los jóvenes muertos
Había una vez un país, tan lejano y escondido, que vastas e inmensas montañas debía uno atravesar, si la intención era a el llegar.
Un país poblado de jóvenes, que siguiendo los rígidos mandatos de una ley ancestral, a los veintisiete años se debería suicidar.
Había una vez un joven valiente y apasionado, cuyo nombre aun resuena en las calles de aquel pequeño país y que por una única vez se animo a quebrar, los injustos mandatos de la ley.
Dante se llamaba y el cómo tantos otros, cumplía la condena de volverse adulto, por lo que dentro de apenas unos días, debería dejar este mundo.
Pero Dante, enamorado de la bella Beatriz, no estaba dispuesto a entregarse a la muerte y confiaba ciegamente en que un milagro le perdonase la vida, permitiéndole así, mantener su amor por la bella Beatriz. La ley perversa y cruel como pocas, contemplaba la ejecución, en caso de que el condenado se negara a caer en los Brazos de la Diosa Tantos.
Así que dante ahora contemplaba la horca, que desfila en la plaza mayor y que se espera ansiosa acariciar su cuello y enviarlo al otro mundo, en donde algunos aseguran que todo es mejor.
Era una tarde gris y todas las almas del pequeño país, se congregaban en aquélla plaza Mayor, esperando con ansiedad, el final del pobre joven, que cometía el pecado de intentar, atravesar el umbral de la juventud. Y ahí también estaba el verdugo, que ajustaba las piezas del artefacto letal, preparándose para cumplir con su desagradable trabajo.
Finalmente la hora llego y el alcalde dio la orden, que dio comienzo a la ejecución. Y ahí estaba Beatriz, que presa de un infinito dolor, rompió a llorar y de sus lágrimas de amor, un océano surgió, que sin piedad se dedico a ahogar, a aquel centenar de almas congregadas en la plaza mayor.
Pero el agua, sabia y justa, perdono la vida a los dos amantes, que aprovecharon la tragedia, para huir a otras tierras, en donde ser adulto y estar enamorado, no constituyera un pecado.
Los años han pasado y nadie sabe de la suerte de los dos amantes.
Y una cosa queda en claro, ahora que la absurda ley esta abolida, que en aquel país que no figura en los mapas, ser adulto ya no es pecado.

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